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Ancha es Castilla y León
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Un trillero de Cantalejo

 

 

 

 


trillero

José de Diego, uno de los numerosos trilleros de Cantalejo, ha reconvertido su taller en un pequeño museo de maquetas representando la vida de los antiguos trilleros

Si por algo fue conocido Cantalejo, fue por sus trilleros. Arrieros del orbe rural que recorrían los pueblos con sus carros cargados con trillos en la temporada previa a la recolección. Dedicaban el invierno a la carpintería trillera. Las fachadas de las casas se llenaban de tablas curvadas, expuestas al sol para que se secaran; luego, se procedía al escopleado y al empedrado de los trillos. El pueblo se veía inundado por un sonoro repiqueteo rítmico de mazas y martillos percutiendo sobre los escoplos, clavando e insertando las lajas de piedra en la base de los trillos. Había familias trilleras que se desplazaban a otros pueblos, donde había buenas cascajeras, en el lecho de algún río, y allí pasaban una temporada preparando la piedra, sacando lajas a golpe de piqueta. El invierno era para la fabricación de trillos; la primavera, con la producción del año ya hecha, era el momento de salir a la venta. Los trilleros de Cantalejo salían a los caminos con sus carros cargados, vendiendo de pueblo en pueblo; pero antes, muchos de ellos se iban a la feria de Lerma, donde se hacían buenos negocios; no faltaban en ella los madereros y gamelleros de los pinares sorianos y burgaleses, que también les hacían la competencia vendiendo trillos.


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El taller del trillero representado en una maqueta por José de Diego

trillos

Trillos al sol, al borde de la era, a la espera de ser
enganchados a los bueyes para iniciar la trilla


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Escopleado y empedrado de trillos
trillo

La imagen de la trilla es ya desconocida para las nuevas
generaciones. Muchos pueblos la rememoran cada
verano en un acto festivo, como este en Mozares


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Tablas de trillos apiladas, con su característica curvatura

Pero tampoco faltaban los de Cantalejo en cualquier feria o mercado castellano; y entre feria y feria, recorrían pueblos y aldeas, negociando con los labradores hasta acabar con la venta del último trillo; además, complementaban el negocio reparando y empedrando viejos trillos que les encargaban aquellos que aún no estaban dispuestos a comprar. Luego, al final del verano, volvían a casa, con los negocios rematados y prestos para celebrar las fiestas del pueblo, antes de iniciar la nueva temporada. Cuenta Cantalejo con muchos trilleros jubilados; uno de ellos es José de Diego. Su amor al oficio le llevó a reproducir en miniaturas aperos, y escenas trilleras, hasta componer un pequeño museo que enseña y explica apasionado a los visitantes. Es la última y única evocación que podemos encontrar de los trilleros de Cantalejo; una seña de identidad irrenunciable para sus gentes.


lascas

Parte del trabajo de los trilleros consistía en sacar lascas de las piedras de río, para realizar el empedradado de los trillos

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José de Diego en la fachada de su museo

 
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