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Ancha es Castilla y León
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Un fabricante
de Aventadoras
en Casasola de Arión

 

 

 

 


taller

El taller de Liborio Villar, uno de los iniciadores de
la fabricación de aventadoras en Casasola, ha
sido recuperado por Francisco Treceño,
quien ha mantenido sus viejas
máquinas e incluso algunos
de sus inventos

Casasola fue el centro castellano de fabricación aventadoras. 21 talleres funcionaron en sus mejores momentos, en los años cincuenta del pasado siglo. Algunos talleres contaron con unos 30 empleados. Una fundición en el mismo pueblo surtía de piezas de hierro a toda la provincia. Gentes de los pueblos vecinos acudían cada día a trabajar a los talleres de Casasola. Sus aventadoras se vendían en casi toda España. Los talleres contaban con un comercial que viajaba por todos los pueblos de las dos Castillas e incluso de Andalucía. Llegaban con su bicicleta y mostraban a los labradores una desgastada foto con la aventadora. Las máquinas eran transportadas en tren, pero hasta la estación de Pollos debían ser trasladadas en carros tirados por mulas. La incipiente industria de la localidad surgió a principios del siglo XX. Algunos herreros del pueblo fueron capaces de reproducir las primeras aventadoras que estaban llegando de fuera e incluso mejorarlas. Liborio Villar fue uno de estos herreros-inventores que creó su modelo de aventadora y mejoró otros aperos y útiles empleados en la agricultura, especialmente un modelo de trillo con piezas móviles que no llegó a patentar.

aventadora

Las aventadoras de Casasola, como esta de Vitaliano Villar, se vendieron por media España
villar1
Roberto Villar fue el último herrero de una saga de fabricantes
de aventadoras que cobró impulso con su abuelo Liborio,
inventor de máquinas de labranza

taller

Del taller de Roberto, y antes de Vitaliano Villar,
salieron miles de aventadoras
para las dos Castillas

Las siguientes generaciones continuaron con la aventura de Liborio: su hijo Vitaliano y su nieto Roberto Villar entre otros muchos. Surgieron en Casasola numerosas marcas registradas de aventadoras que se comercializaba por los pueblos de España: "Villar sin rival", "La Progresiva", "La Competidora", "La Poderosa", "La Deseada", "La Silenciosa"...
A Roberto Villar y a los fabricantes de su generación les tocó echar el cierre, tras unas décadas florecientes para el pueblo. La llegada de la cosechadora a finales de los sesenta acabó de repente con la pujante actividad de los talleres. Francisco Treceño ha conservado el taller donde trabajó Liborio, con sus máquinas de poleas, cintas y engranajes, que en su época le convirtieron en un taller moderno, superando el viejo concepto de fragua tradicional. Roberto Villar, tras la llegada de la cosechadora y otras máquinas modernas todavía, mantuvo el taller para pequeñas reparaciones y arreglos. Hoy, ambos talleres son las últimas huellas de una industria rural próspera que floreció en Casasola en el siglo XX.

Casasola

El taller de Roberto Villar cierra sus puertas, cerrando así un
capítulo singular en la historia de nuestra industria rural

 
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