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Ancha es Castilla y León
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Un cribero de Cantalejo

 

 

 

 

 



cribero

Matías Muñoz, uno de los numerosos criberos de Cantalejo que viajaron por los pueblos en tiempos pasados vendiendo cribas y harneros

Cantalejo, al borde de de la tierra de Pinares segoviana, fue localidad de trilleros y tratantes de ganado, pero tambien de criberos, o "briqueros" como ellos mismos se llamaban en ese lenguaje inventado por los cantalejanos para sus tratos: la gacería. Los criberos se valían de tiras de madera de chopo en verde y pieles de animales para confeccionar sus cribas y harneros. Las pieles procedían de ganados viejos y enfermos, generalmente burros y machos, que ellos mismos sacrificaban. Por todo tratamiento, la piel era expuesta al sol durante un día, bien embadurnada de ceniza y sal. Luego, sobre el aro de chopo, la piel remojada era tensada y clavada sobre los bordes del aro. Los criberos dedicaban el invierno a estas labores, y a perforar la piel sobre la toza con la maceta. Diferentes sacabodados eran usados por los criberos, según fuera el destino de la criba; trigo, lentejas, garbanzos... cada tipo de semilla requería un agujero distinto. Apoyada la criba sobra la toza de álamo, era agujereda a golpe de maceta y sacabocados. Y llegada la primavera, el cribero cargaba su carro de cribas, o el pollino, si sus recursos no alcanzaban para mas, y salía por los pueblos de Castilla a vender su producto, pasando una larga temporada fuera de casa. Esta fue la vida de Matías Muñoz, como la de otros muchos briqueros de Cantalejo que puedieron vivir de este oficio hasta la llegada de la mecanización al campo, a partir de los años setenta del pasado siglo.

 
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