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Un banastero
de Montemayor del Río

 

 

 

 

banastero

Manuel Barragán, uno de los aún numerosos canasteros de Montemayor del Río,
confeccionando una cesta con
las verganchas de castaño

En el sur de Salamanca, en el corazón de la sierra de Béjar, hay un pueblo de banasteros: Montemayor del Río. Más de veinte talleres trabajan hoy las verganchas de castaño, tiras de tallos jóvenes de este árbol, con las que desde hace siglos confeccionan los habitantes de este pueblo canastos, banastas , cestas y una gran variedad de piezas de uso cotidiano para las gentes del lugar. Los banasteros acuden al monte en enero, en un día de luna menguante, y cortan tallos de castaño de no más de cuatro o cinco años. De ellos sacarán las verganchas en un proceso lento que requiere un secado de los tallos al sol durante unos meses . En las calles de Montemayor, durante esos meses, permanecen montones de esos tallos descortezados, a las puertas de los talleres. Todos ellos pasarán por las calderas donde, tras una hora expuestos al vapor, cobrarán la elasticidad necesaria para abrirlos en cuarteos. Cada tallo es abierto longitudinalmente en dos; estas dos partes, a su vez, en otras dos; sólo falta el remojado de estas tiras en un pozo durante unos días, obteniéndose así, finalmente, las verganchas con las que el banastero tejerá sus piezas.

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Hoy, a duras penas, Montemayor del Río se defiende
de la competencia de otros productos foráneos;
sin duda, la cestería de castaño debe ser una
artesanía a proteger, por su singularidad
y tradición en nuestra tierra

verganchas

Imagen común en Montemayor: la madera de castaño
secándose al sol a las puertas de uno de los
talleres del pueblo,




artesano

Abriendo los cuarteos de un tallo de castaño

El taller de estos artesanos sigue siendo un espacio austero, donde la mayor parte del trabajo se realiza con las manos y un instrumental elemental:; tijeras, navaja y punzón de agujerear. En la seleción de las verganchas, el artesano pone buen ciudado en reservar las más anchas para la confección del fondo de la pieza; y para los costados, las más flexibles, tejiéndose unas con otras. La tradición, como no podía ser de otra manera, ha ido pasando de padres a hijos y, aunque ya apenas se demandan canastos o banastas para recoger la uva o las patatas, la demanda turística ha sustituído a la que antes hacían los labradores. Así, nuevas piezas como revisteros, cestas etc dan variedad a la actual producción y mantienen viva esta artesanía. En el taller de Manuel Barragán podemos ver toda esta novedosa variedad junto a las piezas tradicionales. Su taller sigue siendo igual que el de su padre; verganchas aquí y allá y unos plácidos gatos, contagiados de la quietud y tranquilidad que se respira en el espacio de trabajo, donde el estres no tiene cabida. En pocos pueblos ha conseguido la artesanía tradicional mantener el tipo y defender su posición como medio de vida solvente para los vecinos. Montemayor del Río es uno de ellos; lo tiene difícil, pero que lo sea por muchos años.

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Manuel preparando una vergancha en el banco

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Los nuevos tiempos han traído nuevas demandas que van
sustituyendo a los tradicionales canastos. Así, van
apareciendo en la producción de estos
artesanos gran variedad de cestas
decorativas y otras piezas
ornamentales
 
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