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Resineros
de Zarzuela del Pinar



 

 

 

 


resinero

Máximo Pesquera, un resinero ya jubilado de
Zarzuela del Pinar, un pueblo dedicado en
pleno a la extracción de las resinas en
tiempos pasados

En la Tierra de Pinares segoviana, la resina conoció una eclosión a finales del siglo XIX, con el descubrimiento de sistemas de destilación que permitían obtener de la miera productos antes desconocidos: aguarrás y colofonia, superando la vieja explotación basada en la producción de la pez con la simple combustión en un horno de leña. Fábricas con altas chimeneas de ladrillo, hornos modernos y alambiques, se instalaron por muchos de los pueblos de la comarca. La Unión Resinera marcó la pauta, instalándose en Coca; luego siguieron unas cuantas más en Lastras, Pinarejos, Navas de Oro, Zarzuela del Pinar..., incluso en la parte vallisoletana de la comarca surgieron fábricas, entre otros pueblos en Olmedo y Viana.  La demanda de miera en grandes cantidades puso a trabajar a buena parte de los habitantes de muchos de estos pueblos. En algunos, la extracción de la miera  se convirtió en actividad casi única del municipio. Zarzuela del Pinar fue uno de esos pueblos; quizá el más importante pueblo resinero de la comarca, donde en sus mejores momentos trabajaban unos doscientos resineros, con sus pollinos, con los que cargaban los recipientes de resina para llevarlos a la fábrica.

resinero2

Máximo, ya retirado, sigue fiel a su antiguo oficio,
al que ha dedicado un modesto museo con
herramientas resineras

resinero3

Pedro Herranz, el último resinero que mantiene en
Zarzuela los métodos tradicionales de resinación
de los pinos





pote

Con los potes fabricados en los alfares de Arrabal
de Portillo, los resineros iban recogiendo la
miera que luego llevaban en bidones
en sus burros a las fábricas de
resina de la comarca

Berrascos, raederas, escodas, piedras de afilar, mazos... eran las herramientas del resinero; con ellas preparaba el pino, desroñándolo y sangrándolo para colmar poco a poco los potes de barro que adquirían en El Arrabal de Portillo. Cuando llegó el ácido, para el sangrado, el trabajo se hizo menos laborioso, y la producción mayor; los resineros, ahora , podían trabajar más pinos simultáneamente, y los de Zarzuela empezaron a coger pinos de otros lugares, llegando hasta los pinares de la provincia de Valladolid. Pero la resina entró en crisis en los años setenta, con la competencia de otros productos. La resinería entró en vías de extinción. Hoy, en algunos lugares, está empezando a resurgir tímidamente; pero las fábricas han desaparecido casi todas: Sólo se mantienen la de Zarzuela y la de Lastras, además de la de Coca, pero ahora, las producciones son mucho menores. Pedro Herranz es uno de los resineros que vuelve al oficio, manteniendo la técnica tradicional, la que aprendió de su padre, trabajando con el berrasco y la escoda; haciendo del trabajo de sacarle serojas al pino un arte compartido entre la escoda y la destreza de las manos; y el afilado de la herramienta, un ritual sin tiempo,  que Pedro realiza con la devoción que les debe a sus utensilios.

resiner

En los pinares de Zarzuela aún se resina; pero muchos pinos ya sólo conservan las viejas cicatrices de una época de intensa explotación que ha quedado, quizá, para el olvido

Lejos quedan los viajes en burro por los pinares, aprovechando para dormir, en inverosímil equilibrio sobre los lomos del pollino. Los resineros añoran a sus pollinos. Máximo Pesquera se ha comprado uno, sólo por añoranza. Y por lo mismo, todas sus herramientas han pasado a formar parte del museo particular que ha montado en el bar que regenta. Máximo es un  resinero reconvertido a autónomo que trabaja en su propio bar. Pero sigue fiel a su “mundo resinero” y le rinde tributo con su museo.

 
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