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Ancha es Castilla y León
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Dos pegueros
en Navas de Oro y Chañe

 

La tradición peguera en la Tierra de Pinares segoviana tomó asiento en numerosos pueblos de la comarca. Oficio de gente humilde, el trabajo de la pez era un complemento para los jornaleros, pues era oficio de temporada. Las mieras que caían al pie del tronco eran la materia prima que los pegueros hacían arder en los hornos para obtener un producto usado por guarnicioneros, boteros y también pastores; éstos marcaban sus ovejas impregnando sus marcas metálicas con la pez. Los guarnicioneros untaban de la misma materia la hebra con la que cosían sus piezas de cuero, para darle consistencia. Los boteros trabajaban siempre con la pez para impermeabilizar las botas. Y mientras estos artesanos y pastores estuvieron en activo y la sociedad demandó sus servicios, lo pegueros pudieron vivr de su oficio, aunque fuera en complementariedad con otras actividades. La elaboración de la pez fue actividad muy extendida en muchos pueblos pinariegos; en dos de ellos adquirió especial auge: Chañe y Navas de Oro.

 

 

 

 



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Priscilo junto a su última peguera, en Navas
de Oro, que se hunde poco a poco

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En las eras de Chañe, aún se pueden ver las últimas pegueras, que dejaron de hacer pez hace ya 30 años.


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La última pez de Priscilo espera en bidones algún co prador. mientras, permanece pada, tal vez para siempre.





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Junto a la peguera, los últimos sarros,
que ya no serán quemados.

El último peguero de toda la Tierra de Pinares es de Navas de Oro: Priscilo de Pablo. Trabajó con dos pegueras a pleno rendimiento. El cambio de hábitos, de modos de vida, y la salida al mercado de otros productos alternativos acabó con guarnicioneros y boteros, y los pegueros perdieron su demanda. Priscilo prescindió de su segunda peguera y, en los ultimos años, ha ido reduciendo su producción de pez, ya con una sola peguera. Pero la última peguera ya se va hundiendo. Los últimos bidones de pez están parados; nadie se los compra; y los restos de miera y tamuja aguardan en un montón para la próxima hornada, que ya no llega. El adobe de la peguera se desmorona irremisiblemente. Esta especie de iglús alargados han ido desapareciendo de todos los pueblos. Algunos se ven todavía en Lastras de Cuéllar. Y en Chañe, el adobe fue sustituido por ladrillo macizo, siendo la sección del horno abovedado circular, lo que les asemeja aún más a iglús. Los dos tipos de peguera cuentan con un depósito subterraneo donde vierte la pez que fluye de la miera y restos de pinos que arden en el horno durante varios días. David Muñoz, en Chañe, encendió muchas pegueras y extrajo mucha pez de sus depósitos. Usaban las pegueras en el pueblo de modo comunitario, turnándose en el uso de las mismas. Hoy, rehabilitadas por el ayuntamiento, lucen flamantes en las eras del pueblo, como auténticos monumentos de una cultura rural ya extinguida.


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Priscilo de Pablo: el último peguero de la
tierra de Pinares segoviana

 




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David Muñoz junto a la peguera en la que trabajaron
muchos vecinos de Chañe

 
 
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