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Ancha es Castilla y León
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mimbre
Apilando y clasificando la mimbre

Cesteros de Villoruela


En el Campo de Peñaranda, muy cerca ya de la Armuña, Villoruela se ha ganado el justo referente de "pueblo de cesteros". La mimbre ha sido su materia prima. Primero trabajando con las mimbreras autóctonas; luego llegaron otras, sobre todo la americana, con menos nudos, de mejor presentación, aunque menos resistente que la de la tierra. Los cesteros de Villoruela tejieron siempre las piezas tradicionales que se usaban en los pueblos castellanos: cestas, banastos, covanillos... Piezas que vendían por los pueblos. Luego, la demanda urbana trajo nuevas piezas, sillas, sillones, biombos, cabeceras de camas etc que permitieron a los cesteros alargar unos años la vida de esta artesanía que, finalmente, agoniza, incapaz de soportar la competencia de los productos chinos y los nuevos materiales. Estamos, pues, ante la última generación de cesteros artesanos, que tienen sus almacenes llenos, sin encontrar salida ni mercados al fruto de su trabajo.Las plantaciones de mimbre en Villoruela van a menos; ahora se trae de otras provincias; y al viejo artesano le empieza a sobrar ya mucha mimbre, por lo que cada vez son más escasas las campañas de corta de mimbre en los inviernos de Villoruela. Sin embargo, algunos siguen aferrados al método tradicional. José Sánchez García conserva el horno con la balsa de agua, donde sigue cociendo la mimbre igual que lo hacían sus antepasados.

 

 

 

 

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José Sánchez atizando el horno para cocer la mimbre

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Tallando y agrupando en haces


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Ramón Sánchez, uno de los últimos cesteros artesanos de Villoruela


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Las largas y sufridas jornadas del cestero sobre la banqueta hoy, ya sin apenas mercado, tocan a su fin

Algunos cesteros metidos a empresarios han podido resistir, diversificando el producto; fabricando muebles y también importando otros de novedosas fibras vegetales antes desconocidas. Pero aún es posible ver labores de artesanos clasificando la mimbre por sus tamaños; empozándola, cociéndola en hornos o pelándola. Se empiezan a ver algunos inmigrantes realizando estas labores, síntoma de que a los de Villoruela ya no les resulta rentable este trabajo. Miguel Casado tiene el almacén atestado de piezas, que ya no encuentran mercado. Para él y para la mayoría de cesteros vivir de la cestería ya es inviable. La inercia le lleva a seguir haciendo cestas sobre la humilde banqueta, pues tampoco hay alternativas. Ramón Sánchez está en situación parecida; mientras teje un ropero más, se queja de la mercancía china que les ha hundido el mercado.

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Ramón Sánchez tejiendo un cesto ropero
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Tejiendo roperos o cestas tradicionales, los cesteros
de Villoruela, como Miguel Casado, contemplan resignados
el final de un oficio que dio de comer a todo un pueblo
     
 
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