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Ancha es Castilla y León
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Alfareros
de Jiménez de Jamuz

 

Una de las localidades con mayor tradición alfarera de Castilla y León es, sin duda, Jiménez de Jamuz. Al lado de La Bañeza, los jiminiegos ejercieron el oficio alfarero durante siglos, vendidendo sus piezas en los mercados leoneses, pero llegando también a muchos otros puntos de la región y alcanzando mercados más alejados, en otras regiones españolas. Su cerámica vidriada, tradicionalmente cocida en los hornos árabes de leña, presenta unos característicos tonos verdosos sobre el rojo vidriado de la arcilla, proporcionados por el sulfuro de plomo. La gran variedad de sus piezas es indicativa de la amplia demanda que atendían los numerosos alfareros de Jiménez de Jamuz; entre esta multiplicidad de piezas, se puede hacer mención de barrilas, bocalejas, botijos y cántaros, todas ellas para el agua. Pero el vino tenía las suyas: mosteros, cuartillas, medios cántaros, barriles, jarras y jarros. Para la leche, tampoco andaban cortos: nateras, "lolas", ollas, queseras y jarras anchas. Y la matanza pedía las suyas: orzas, chamorrillos, "soperas", barreñones. Y algunas otras, más llamadas al campo ornamental, como el "botijo de cura". Pero Jiménez de Jamuz atendía también las demandas peculiares de cada región; así, enviaba a Galicia : "cántaros de ala", "boinas" y ollas. A Benavente y Alcañices servían cántaros y ollas. A la montaña leonesa enviaban nateras.
La alfarería fue el medio de vida de la mayoría de los jiminiegos en tiempos pasados. Pero la crisis de la alfarería de los años sesenta del pasado siglo acabó con la mayoría de los alfares del pueblo. Hoy, aún se mantinen algunos de ellos. La alfarería de Teresa García es uno de estos últimos alfares.
Para preservar la memoria de este recurso y medio de vida jiminiego, se levantó el museo-alfar donde el maestro alfarero Martín Cordero muestra los procesos tradicionales de elaboración de las piezas alfareras, con barro extraído de los barreros de la localidad; las piezas son torneadas en torno de pie y cocidas en horno de leña, alimentado con urces. Y para su decoración, aún podemos ver algún operario pintando el barro con la tradicional pluma de gallina.
Especialmente orgulloso se siente el pueblo de los ladrillos vidriados de que los alfares jiminiegos salieron para la construcción del palacio arzobispal de Astorga, levantado por Gaudí.

 

 

 

 

horno en Jiménez de Jamuz
Para preservar la memoria del pasado alfarero de Jiménez de Jamuz se levantó este museo-alfar, del que podemos ver su horno de leña, de tipo árabe.
horno
Martín Cordero atizando el horno de leña en el Museo-Alfar
jarras
Aunque muchos alfares desaparecieron, aún se pueden ver por las calles de Jiménez de Jamuz, las piezas de barro secándose al sol.
torno
Las manos sabias del maestro Martín Cordero, torneando la vasija en el torno tradicional de pie.
museo alfar
Martín Cordero, en el museo, atiende las visitas y demuestra
su buen hacer sobre el torno
 
torno
Trabajando en el torno de pie

alfarero
El taller de Teresa García es uno de los pocos que han quedado
en Jiménez de Jamuz. El padre sigue trabajando en el taller
 
alfarero
Poniendo asas a las jarras
Teresa García
Teresa García trabajando al torno
 
   
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